Si no viajara sola, no tendría estas experiencias

No me vería obligada a ser completamente responsable de mi propia gestión en todo lo tocante al viaje (decisiones espacio-temporales, comunicación con las personas locales, búsqueda, pérdida, seguridad...). 

No llevaría un libro encima todo el tiempo para los momentos en que me apetezca viajar incluso estando de viaje.

No se me acercaría nadie a preguntar: "¿Tú también estás viajando sola?".

No tendría momentos de incomodidad en restaurantes cuando los camareros tienen problemas para asumir que la reserva es, efectivamente, para una persona y no estoy esperando a nadie más. Tampoco tendría que quedarme sin probar ese risotto en Verona porque no lo preparan para menos de dos comensales.

No habría acabado compartiendo mesa hace una semana, en una terraza de Guimarães, con un motero sueco-danés con el que me pasé una hora de charla apasionante. No se darían tantas conversaciones fortuitas porque cuando una tiene compañía el resto parece entender que no se necesita más. Y la charla espontánea que profundiza desde la falta de contexto compartido es una de las cosas más bonitas de la vida.

No podría aproximarme al lugar exclusivamente desde mis cinco sentidos, mi experiencia y mi imaginación; siempre habría inferencias de lo vivido y percibido por mis acompañantes. No tendría una visión completamente propia.

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